Distopía

Junior Gaitán suplicó de rodillas por su vida»

Ismael López

@lopezismael

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El joven de 15 años fue asesinado a sangre fría por un policía que lo impactó con un disparo a quema ropa, ahora es recordado como el "niño mártir de Masaya"

–Hijo ya vine, levantate, vámonos –decía don Javier Gaitán mientras abrazaba el cuerpo de su hijo Junior Gaitán, quien estaba tirado sobre una camilla improvisada del garaje de la casa parroquial de San Miguel de la ciudad de Masaya, al suroeste de la capital de Nicaragua, templo que dirige el cura Edwin Román.

»Vámonos mi muchachito, ya vine –decía aquel padre llorando mientras sobaba con ternura la cara de su hijo de 15 años de edad.

“Cuando quitó la sabana que cubría el cuerpo se echó a llorar desconsoladamente al ver el orificio como del tamaño de una fruta de mamón”, recuerda el sacerdote Román.

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Esa tarde de sábado del 2 de junio de 2018, Abraham Gaitán había cruzado barricadas por toda Masaya montado en su bicicleta buscando a su hijo.

Primero lo buscó en la barricada de la esquina de su casa del barrio El Repliegue y ahí le dijeron que su hijo se había ido apoyar con un grupo de amigos a la gente de Monimbó.

–Vieja no está, voy a ir a buscarlo otra vez, no te preocupes, yo lo voy a encontrar –dijo el padre a su esposa y madre del adolescente, Auralila López, y partió a buscar de nuevo a su hijo.

Cruzando una barricada iba cuando Alejandra, hermana de su esposa, le soltó: “mataron a Junior”.

Javier Gaitán dice que nunca sintió las piernas más livianas que ese día. Se montaba la bicicleta al hombro y cruzaba las barricadas hasta que llegó a la iglesia a encontrarse con su hijo.

Un presentimiento

Auralila López amaneció con un mal presentimiento ese 2 de junio. Sentía algo en el pecho que no la dejaba tranquila, mientras su hijo Junior quería estar en la barricada de su barrio, una de las tantas que la población autoconvocada había levantado en Masaya.

“Lo encerré en esta casa, golpeaba la puerta, se me quería salir”, cuenta López en su casa del barrio El Repliegue de Masaya.

“Yo no le di permiso para ir a la barricada”, recuerda y agrega “pero en la tarde vino su papa y le dio permiso de salir media hora, fue la última vez que miré a mi muchachito”.

Cuando Gaitán llegó a la barricada eran aproximadamente las dos de la tarde. Un grupo de jóvenes, adolescente todos, se enrumbó hacia Monimbó que en ese momento estaba siendo atacado. Rápidamente Gaitán dijo que iba, recuerda un primo suyo que también se unió al grupo, pero no quiere que se mencione su nombre por miedo a represalias.

Junior Gaitán
Altar improvisado en honor a Junior Gaitán en la casa de sus padres.

“Llegamos a Monimbó y cuando ya veníamos pasando cerca del mercado viejo (Mercado de Artesanías) la Policía nos atacó y un grupo se metió al mercado”, narra el adolescente que sobrevivió a aquel día.

En ese grupo que se metió al mercado iba Junior Gaitán y ahí fue atrapado y ejecutado, según denuncias de su familia y de organizaciones de derechos humanos.

La familia de Gaitán ha compilado decenas de testimonios de lo que pasó ese día y ha logrado establecer que Junior Gaitán fue ejecutado a sangre fría.

Eran casi las 5 de la tarde, Junior estaba de rodillas.

–No me matés hombre, vos me conocés –suplicó el adolescente al policía que lo apuntaba en el pecho con el arma, según testimonios de sobrevivientes de ese día.

Pero el policía no tuvo piedad.

Un santo hijo nunca muere

En la casa de Junior Gaitán todas las tardes sonaba a todo volumen música de la banda mexicana La Santa Grifa. Su familia siempre le pedía que le bajara el volumen o apagara un viejo minicomponente por el cual el adolescente se deleitaba.

Su canción favorita era una que se llama Un santo grifo nunca muere. “Pasaba escuchándola todo el día”, dice su madre.

“A veces en golpes duros un amigo se va (…) Humildemente aquí estamos, la costumbre no olvidamos. Sobre bato, se le quiere. Un santo grifo nunca muere (...) Tu jefita está hecha un desastre, ella ya no es la misma desde que no regresaste. Esa tarde que saliste al cementerio del barrio el luto se puso triste”, dice la letra de la canción.

Esta es la canción que ahora sus amigos van a escuchar al lado de la tumba de Gaitán al cementerio del barrio, mientras su madre, no pierde las esperanzas de encontrar justicia por la muerte de su hijo.

“Con otro gobierno todos los culpables van a pagar”, dice llorando mientras enciende velas a un altar improvisado en la pequeña sala de su casa.


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