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La tarea de la Generación Perdida

Jóvenes en su mayoría nacidos en el ocaso de la Revolución se atrevieron a retar a los viejos revolucionarios. Por el futuro del país, la lucha no debe caer solo sobre sus hombros

Eduardo Enríquez

@GuayoPeriodista

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En cierto modo, lo ocurrido a partir de abril en Nicaragua es una lucha de generaciones. El geriátrico se resiste a abrir espacio a los jóvenes. La Generación Perdida no puede ser espectadora.

Antes de entrar en materia, una aclaración. Para efectos de este artículo como Generación Perdida en Nicaragua identificaremos a las personas que nacieron entre 1965 y 1978, o sea mi generación. A quienes durante nuestra adolescencia y juventud sufrimos de lleno el impacto del desastre revolucionario del sandinismo.

Ahora sí. Visto de alguna forma, lo que se vive actualmente en Nicaragua es una lucha entre generaciones. La Rebelión de Abril de 2018 tiene protagonistas indiscutibles, por un lado los jóvenes; en su mayoría millenials o milénicos.

Estas personas que nacieron en los últimos años de la revolución sandinista, o incluso en los últimos años del siglo. Se podría decir que muchos son representantes de la última oleada de la Generación Millenial.

La generación Instagram lucha por su espacio

Son los jóvenes de los teléfonos inteligentes y el Instagram. Esos muchachos que hasta la Rebelión de Abril eran criticados por "pasarse la vida en facebook" y "vivir en una burbuja", por ser "una generación egoísta", decían muchos. Con hechos contundentes, esos muchachos dejaron a sus críticos en silencio.

Una oleada de muchachos que a pesar del espejismo del "crecimiento económico" del último decenio, no encontraba espacio para expandir sus alas y está tratando de romper la jaula.

Aunque los descritos arriba son los más jovencitos, no hay duda de que el empuje de esta rebelión es de gente joven. Hasta los "mayorcitos" están al borde de la Generación Millenial. El líder campesino Medardo Mairena, por ejemplo, con sus 41 años es un "muchacho" para los estándares de la política nicaragüense en la que abundan personas que ya pasaron la edad de retiro pero insisten en seguir jugando en política.

Los ancianos de pañoleta no ceden el poder, sus beneficios o migajas

Por el otro, está la gente que tomó el poder por la fuerza en 1979, personas que dedicaron sus años de juventud a derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. Nacidos a finales de los 50 o inicios de los 60 del siglo pasado, ellos son la última oleada de lo que en Estados Unidos se conoce como "Baby Boomers". Ellos ya están en la tercera edad.

Estos son los viejos revolucionarios que durante 40 años han ostentado el poder en Nicaragua sea desde arriba o desde abajo. Quien lo dude solo tiene que ver a los "combatientes históricos", personas que ya rozan o entraron a la ancianidad, cuya estampa queda aún más absurda con la boina y la pañoleta. Personas que no saben vivir si no es a la sombra del erario o directamente en el poder.

La revolución que perdió a nuestra generación

En medio de ambas generaciones en lucha está lo que llamo la Generación Perdida, los nacidos, más o menos, entre 1964 y 1978. Este grupo fue la víctima principal de la revolución sandinista. En el resto del mundo se le conoce como la Generación X, y en Nicaragua ese mote tampoco nos viene mal .

La Generación Perdida alcanzó la adolescencia durante la guerra entre "contras" y sandinistas. Los que no tuvieron la oportunidad de escapar de la guerra se vieron obligados a tomar bandos: en la contra o en el Servicio Militar. Miles murieron a causa de intereses foráneos.

Los que sobrevivieron, en Nicaragua o fuera de ella, en su mayoría perdieron la oportunidad de prepararse. Se vieron obligados a sobrevivir. No somos una Generación Perdida por elección sino por imposición.

La etapa de los gobiernos no sandinistas (1990 - 2006) encontró a la mayoría a penas preparados para sobrevivir y hacer su vida. Y con el regreso del Frente Sandinista al poder, esta generación se acomodó. Tenía que consolidarse económicamente. Lo que no pudimos hacer a los 20 y 30 lo tuvimos que intentar a los 40 y 50. En todo este tiempo, el poder político y económico en Nicaragua estuvo ostentado por los hoy ancianos de boina y pañoleta o sus coetáneos en la acera de enfrente.

Los millenials, valientes e inteligentes

Si bien quienes empujaron la Rebelión de Abril son en su gran mayoría personas menores de 40 años y muchísimos tan solo adolescentes y "veinteañeros", es sorprendente cómo muchos, incluyendo algunos líderes, están declarando en los últimos meses, en redes sociales (su canal de comunicación), que deben dedicarse a sus estudios.

Esto, lejos de ser criticable es admirable. La verdad es que esta es la etapa de la vida de estos muchachos para prepararse. No son años que deben malgastar en la política criolla o peor aún en la clandestinidad, arriesgando sus vidas o en un calabozo.

Como sociedad debemos evitar el error de los años 60 y 70

En las décadas de los 60 y 70 en Nicaragua la responsabilidad de salir del dictador recayó sobre "los muchachos". Era aquel grupo de jóvenes llenos de mística, que fue admirado por muchos en el mundo. Pero esos jóvenes crecieron, saborearon el poder y la riqueza, y cuando se vieron fuera del gobierno se dieron cuenta que solo podían vivir de la política, ostentando el poder o sirviéndose del mismo.

Es por eso que los muchachos de entonces son los despreciables ancianos políticos de hoy. Hacen bien los valientes jóvenes de Abril, en apartarse y prepararse.

Aunque algunos harán su vida fuera de la política y del país; ojalá muchos puedan regresar preparados. Abril y la represión les ha creado temple, pero al tener medios para garantizarse una vida decente podrán, si así lo desean, servir en la política y no servirse de ella, como los ancianos de ahora. Se lo deben a los asesinados por la dictadura.

La tarea de la Generación Perdida

Aquí es donde entra la "Generación Perdida". En la década de los 80 fuimos víctimas; entre 2000 y 2015 nos acomodamos y no exigimos derechos. Esta generación tiene una tarea. No puede dejar sobre los hombros de "los muchachos" la responsabilidad de lidiar con el anciano dictador. Los chavalos abrieron la puerta, pero es la generación de los 80 la que debe concluir la misión.

Pero de nuevo, no puede ser para servirse de la política. Debe ser para brindar la oportunidad de que los Millenials, la generación Z que viene detrás y las demás que vendrán puedan convertirse en adultos, en un país donde se respeten sus derechos y puedan tener una vida decente, para que no se vean obligados a buscar la vida en otra parte.

Para suerte de todo un país, los cincuentones están buscando una salida cívica. Es una vía plagada de peligros en cuanto al resultado, pero al menos trata de evitar la violencia. Y si la Generación Perdida puede ver que su misión radica en garantizar que la estafeta sea entregada en paz y en un país con mejores oportunidades, habrá cumplido.

La Generación Perdida no puede seguir siendo una generación usada o espectadora. Tiene que jugar un rol en la construcción de la nueva Nicaragua. Y sobre todo debe evitar que los heroicos muchachos de hoy se conviertan en los sanguinarios ancianos de mañana.


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