Distopía

El "preso 198" está sordo ante la demanda de libertad para los presos políticos en Navidad»

El "preso 198" está sordo ante la demanda de libertad para los presos políticos en Navidad

Familiares visitan a los presos políticos que continúan en el Sistema Penitenciario Jorge Navarro, conocido como La Modelo Foro: Cortesía

Avil Ramírez

@AvilRamirez

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Daniel Ortega estuvo preso hace 50 años, y aunque existe la tentación de comparar su situación con la de los cientos de presos de conciencia que han sufrido su represión en las cárceles a raíz de la Rebelión de Abril, son mayores las diferencias que las similitudes

Dentro de 50 años nadie recordará el nombre de un señor llamado Luis Cañas, que es el actual viceministro de Gobernación de Daniel Ortega. Ni el de la ministra de Gobernación María Amelia Coronel Kinloch. Tampoco el de otros funcionarios, como Cairo Amador y Adolfo Jarquín Ortel, que han afirmado: "En Nicaragua, en ningún centro penal, en ningún establecimiento penitenciario tenemos presos políticos. No hay".

Ocurrirá lo mismo que ahora, que nadie recuerda quién fue el diputado somocista José María Borgen, que en febrero 1972 afirmó: "Es falso que las cárceles de Nicaragua estén atestadas de presos políticos". Declaración que recoge el diario oficial La Gaceta del 11 de febrero 1972. Los que no serán olvidados, seguramente, serán Anastasio Somoza y Daniel Ortega, sus jefes.

En 1972 Ortega llevaba cinco años encarcelado. Motivaciones políticas lo llevaron a asaltar un banco en Managua, en 1967. En esa época Ortega era el preso # 198, como tituló el libro en que lo retrata el periodista Fabián Medina.

La revista Magazine, publicó un reportaje sobre el encarcelamiento del actual mandatario. Lo titularon: Un asalta bancos llamado Daniel Ortega. Nadie duda que su condena fue por el delito cometido; justificado para algunos por sus deseos de terminar con la dinastía somocista. Una dinastía similar a la que él ha instaurado y al igual que Somoza pretende heredar.

Dos tipos de presos políticos

Cuando el diputado somocista Borgen, que ya nadie recuerda, negaba la existencia de prisioneros políticos, Ortega tenía 27 años. Tres más que Amaya Coopens, la estudiante de medicina que en 2018, sin haber empuñado nunca un arma, fue acusada de terrorismo. En cambio Ortega para entonces, había reconocido que "ajustició" (asesinó) a un sargento de la Guardia Nacional, Gonzalo Lacayo; y lo admitió sin siquiera sonrojarse.

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A los 22 años Ortega ejecutó al torturador somocista. Mientras a esa edad, Amaya cursaba su tercer año en la universidad; estudiando medicina para salvar vidas. A Ortega lo llevaron ante el juez en circunstancias distintas a las de Amaya. A él lo acompañó un oficial, pero a ella la llevaron esposada y sus captores iban encapuchados.

Claro, hay muchas más diferencias entre Ortega y Coopens. El actual presidente asistió solo tres veces a la universidad cuando se inscribió para ser abogado. La líder estudiantil ya hubiera finalizado su carrera de doctora en medicina si no hubiera sido expulsada de la universidad solo por exigir libertad cívicamente. Amaya, además habla inglés y francés y no ha sido acusada de ningún delito que no fuera protestar por las reformas al sistema de seguridad social. Mientras Ortega era un guerrillero que promovía una insurrección armada.

La historia de Amaya se repite en las vivencias de Byron Estrada o de Nairobi Olivas; otros dos jóvenes universitarios encarcelados por reclamar sus derechos y acusados de terroristas por el régimen de Ortega.

Ella decidió quedarse; Ortega se exilió Costa Rica

Otra gran diferencia es que Ortega fue liberado como resultado del asalto a la casa de un exministro somocista en diciembre 1974; luego se exilió en Costa Rica y regresó a Nicaragua hasta el 17 de julio de 1979, cuando llegó en avión a la ciudad de León como miembro de la Junta de Gobierno, cuando ya sus compañeros y la presión internacional habían obligado a Somoza a abandonar el país.

En cambio Amaya, a quien le ofrecieron salir del país por tener nacionalidad belga; y porque sus capacidades intelectuales le garantizarían el ingreso en cualquier universidad europea, rechazó los ofrecimientos. Tras su liberación, Amaya decidió quedarse en Nicaragua para seguir luchando cívicamente. Un año después fue encarcelada nuevamente; en esta ocasión su delito fue solidarizarse con un grupo de madres de presos políticos que realizaba una huelga de hambre en una iglesia de Masaya. Esa fue la segunda navidad que pasó en la cárcel.

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Junto a Amaya, cientos de jóvenes universitarios que participaron en las protestas, fueron expulsados de las universidades públicas que Ortega controla. Además de impedirles concluir sus estudios, los hostigan y asedian tanto a ellos como a sus familias. Pretenden agotarlos para que se vayan del país, y lo han logrado con muchos. Otros se han quedado y tanto ellos como sus familiares apoyan la lucha de las madres que siguen exigiendo la liberación de sus hijos.

La madre de Ortega también demandó su libertad para Navidad

Doña Lidia Saavedra de Ortega, la madre de Daniel Ortega, también fue presidente del Comité de Reos Políticos e impulsó una campaña de Navidad sin presos políticos. En esos tiempos, otro que afirmaba que no habían reos por razones política era el arzobispo de Managua, Miguel Obando; el mismo que matrimonió a Ortega décadas después y al que éste elevó al rango de prócer en vida hasta catapultarlo a la Constitución Política, pero a quien ni siquiera acompañó en su funeral en junio 2018, .

Los de hoy son verdaderos prisioneros de conciencia

Muchos de los que hace más de cuarenta años se inspiraban para acompañar la lucha de las madres de los pocos reos políticos; encarcelados por acciones terroristas en los años 70, ahora se han inspirado nuevamente ante el sufrimiento de las madres de los prisioneros de conciencia, pues su único delito es pensar diferente. Entre ellos Carlos Mejía Godoy, quien se vio obligado a salir al exilio 40 años después, por las mismas razones que se fue al exilio en tiempos de Somoza.

Igual que hace más de cuatro décadas, la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH), Amnistía Internacional (AI), congresistas norteamericanos, y muchas otras organizaciones reclaman a Ortega ─como lo hicieron con Somoza─ la liberación de los presos de conciencia, los presos políticos.

Al darse el asalto a la casa del ministro somocista José María Castillo Quant el 28 de diciembre de 1974, los presos reclamados como políticos, incluido Ortega, eran 11. En 1978, al producirse la toma del Palacio Nacional, los presos políticos reclamados sumaban 51.

Pero 40 años después, los presos políticos son más de 100. Con la enorme diferencia de que aquellos, los del tiempo de Somoza, sin excepción alguna estaban encarcelados por actividades guerrilleras; que justificaban políticamente por su lucha armada contra la dictadura anterior. En cambio los de hoy, los que aún siguen encarcelados, es simplemente por manifestarse pacíficamente.

Presos políticos como ficha de cambio

Daniel Ortega, al igual que Somoza Debayle, ha demostrado que la presión interna no afecta su conciencia, olvidando que él mismo estuvo en la cárcel ─aunque fuese por asaltar un banco─. Y ya con los aires navideños que su esposa la vicepresidenta Murillo menciona en sus monólogos de mediodía recordando valores cristianos; ha demostrado que para ellos, los presos de conciencia son fichas de cambio.

Ahora el régimen ha preferido dejar en libertad a narcotraficantes, violadores, asesinos y verdaderos delincuentes, antes que tener un gesto de "humanidad", y otorgar medidas alternativas para quienes han sido condenados por motivos políticos.

Lo más probable es que Ortega no ceda ante las múltiples demandas, aunque seguramente liberará a centenares de delincuentes esta Navidad ─entre ellos sin duda algunos que están presos por asaltantes como lo estaba él─. Los otros, los 118 contabilizados a la fecha, tendrán que esperar hasta que el dictador los utilice como fichas de cambio en una negociación (con la comunidad internacional) para mostrar su "magnanimidad". Eso es lo que va a ocurrir.

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El carolingio
El carolingio
9 de diciembre, 2020 2:34 am

Para Ortega lo único que le importa es que tendrá metidos en sus cárceles a líderes que le pueden firmar un peligro para su dictadura. No le importa si asesinaron o robaron como lo hizo él en tiempos de Somoza.
Y no le importa porque el dictador nunca ha dejado de hacer lo que hizo en esos tiempos que es robar y matar, pues ha seguido robando y matando y ahora con más descaro y con más libertad y recursos que tenía cuando Somoza y ahora a personas inocentes..


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