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¿Por qué Ortega no cede ni piensa ceder en el diálogo?»

¿Por qué Daniel Ortega no cede ni piensa ceder en el diálogo?

Foto: Oswaldo Rivas

4to Mono

@4to_mono

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Ni la Alianza Cívica ni sus aliados internacionales han encontrado la combinación de factores que permitan crear las condiciones para que al régimen le sea más atractivo ceder el poder que mantenerlo a sangre y fuego

El segundo intento de diálogo nacional entre el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo con la Alianza Cívica (AC) está muerto. Muchos acuerdos están sobre el papel, pero el régimen no ha cumplido. Ni piensa cumplir.

Prueba de ello es que ahora Ortega ha tomado una posición más dura. No solo rechaza hablar de elecciones adelantadas y justicia, sino que quiere que lo ya acordado sea "garantizado" por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PPDH), una entidad títere del régimen que incluso lo defendió en febrero en Ginebra ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Las personas civilizadas siempre le darán una oportunidad a la resolución pacífica de cualquier conflicto, pero como dicen en inglés, "it takes two to tango" y para que aquí el conflicto se resuelva de manera pacífica se deben dar una de dos situaciones:

  • Que las partes encuentran un punto en común que les permita "ganar-ganar";
  • Que los riesgos de no alcanzar un acuerdo sean tan altos que resulta mejor aceptar lo propuesto que rechazarlo. O sea, "mejor un mal acuerdo que un buen pleito".

Hasta ahora, desde el punto de vista del régimen, ninguna de las dos opciones están dadas. Ortega no tiene "incentivo" para cumplir y por eso el diálogo ha fracasado. Examinemos cómo ve la situación el orteguismo:

1.- No tiene nada que ganar

Luego de la criminal respuesta del régimen a las protestas ciudadanas, lo que los nicaragüenses le están exigiendo al orteguismo ─con justa razón─ es lo siguiente:

  • Democratización: Cambios profundos en el Consejo Supremo Electoral, adelanto de elecciones, observación y transparencia electoral para devolverle a la ciudadanía el derecho a decidir quién administrará el Estado.
  • Respeto a los derechos fundamentales: Que la ciudadanía pueda ejercer sus derechos a movilizarse, reunirse y protestar; así como respeto a la libertad de expresión e información.
  • Justicia: Cambios profundos en la Corte Suprema y todo el sistema judicial, en la Fiscalía y en la Policía, que han sido los pilares de la represión.
  • Reparación: Que de manera independiente se determine quiénes son los culpables de la represión, los abusos en las cárceles y los asesinatos y que de alguna manera se brinde alguna reparación a las víctimas
  • Garantes creíbles: La dictadura centralizó todo el poder y no existe en el país una entidad independiente con la suficiente fuerza para garantizar el cumplimiento de los acuerdos, por esos se hace necesaria la presencia de organismos de derechos humanos como la CIDH y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU.

Pero el sandinismo y en lo que ha mutados ahora, el orteguismo, es antidemocrático, violento y represivo. Lo fue en la década de los 80, lo fue en la oposición y lo ha sido desde 2007 cuando regresó al poder.

Los puntos arriba detallados se resumen en una palabra: democracia. El orteguismo no sobrevive en democracia, por lo tanto no puede aceptar lo que se le exige en la mesa de negociación. Eso sería aceptar su extinción.

2.- Tiene las armas y una lección aprendida

El orteguismo controla las armas, tiene el monopolio de la violencia sin ningún contrapeso.

Además, Ortega sabe, por experiencia propia, que si cede estará fuera del poder en cuestión de meses, y no solo eso, al estar señalado por delitos de lesa humanidad, podría estar al alcance de la justicia internacional.

Por el contrario, él ve en sus socios de Cuba y Venezuela ejemplos de regímenes que no han cedido un ápice, han reprimido, han cerrado espacios y aunque hayan destruido las economías de sus respectivos países, permanecen en el poder que es lo que interesa a Ortega.

3.- La "loud mouth diplomacy" ladra pero no muerde

La historia deberá calificar esta etapa de la política exterior de Donald Trump como "loud mouth diplomacy": mucho grito y mucha fuerza de cara en Twitter pero de acción solo cancelaciones de visas y sanciones que nuncan han hecho retroceder a ninguna dictadura.

Haber constatado en las últimas semanas que la comunidad internacional se muestra errática e indecisa ante regímenes que les plantan cara, ha hecho que Ortega y su círculo se sientan fortalecidos.

A estos regímenes poco les importan los "pronunciamientos de extrema preocupación"; o los tuits cada día más irrisorios de funcionarios norteamericanos como John Bolton, quien sigue contando los días que le quedan a Maduro (que por lo visto hasta hoy, son muchos).

Es tal el fracaso del "laud mouth diplomacy" que tropas rusas se pasean campantemente por Caracas hoy y el presidente interino Juan Guaidó está a punto de ser tirado a un calabozo.

¿Entonces qué hacer?

Asumiendo por los resultados que las diferencias entre la sobrevivencia del orteguismo y los anhelos de libertad de los nicaragüenses no tienen puntos de coincidencia ─o sea que no hay manera de llegar al "ganar-ganar"─ entonces, cualquier negociación debe cumplir con la segunda condición: "mejor un mal arreglo que un buen pleito".

En otras palabras, la única manera que el régimen ─entiéndase la pareja Ortega Murillo, sus hijos y sus adláteres─ acepte algo parecido a las exigencias planteadas por la ciudadanía es que la negociación se estructure de tal forma que dejar el poder les sea menos perjudicial que permanecer en él.

Si no se logra la combinación de factores internos y externos que creen el "incentivo", por llamarlo de alguna manera, para que a quienes encabezan el régimen ─sean Ortega y Murillo o los que los rodean─ les resulte más atractiva la salida del poder que su permanencia en él, el diálogo nunca va a funcionar.

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Ron
Ron
4 de abril, 2019 11:35 pm

Ortega necesita más tiempo para mover su dinero con testaferros. Necesita tiempo para evitar sanciones... Y por último no acepta molestar en la boleta electoral

Lázaro Perez Figueroa
Lázaro Perez Figueroa
5 de abril, 2019 7:28 am

Como bien lo dice estos regímenes totalitarios funcionan con una estrategia y un pensamiento diferente a la democracia occidental aquí ni la carta democrática ni nada de los mecanismos funcionan los valores de la democracia no existen solo utilizaste via mientras te sirvió con tu discurso populista llegar al poder después solo te interesa mantenerte a cualquier costo deben ser cosas más sentidas que les lleguen tal como sanciones directas al ejercito, sanciones y procesos internacionales a todas las personas vinculadas a la dictadura, congelamiento de fondos de todo y todas las que estén vinculadas a la dictadura como no… Read more »

Rodolfo Jiménez
Rodolfo Jiménez
5 de abril, 2019 7:51 am

En mi opinión, y de acuerdo con un analisis que vi, Ortega también tiene el problema que construy o su régimen tipo mafia, que va a hacer si la policia corrupta y su ejercito perciben que los van a dejar colgados?

Mario Sánchez
Mario Sánchez
5 de abril, 2019 7:52 am

Hay que tener paciencia porque la presión económica necesita tiempo para funcionar. En el caso de Venezuela hay que ver que la dictadura esta sentada en toneladas de reserva de oro que la pueden sostener por un buen tiempo, pero eventualmente se les va acabar. Cuando no puedan pagar a los matones que los sostienen entonces van a ver como se quiebra esa mafia. En Nicaragua es la misma situación con la diferencia de no tienen las reservas de Venezuela.

Carlos
Carlos
26 de abril, 2019 9:04 am

A la dictadura ortegamurillo no le interesa la población o la economía solamente el terrtorio y sus armas q es lo q la protege, no va a salir a las buenas por q fuera de nicaragua no tienen poder y estan muertos, Ellos lo saben y van a resistir hasta el final como una fiera encuevada. Hay q hacer todo lo necesario para debilitar sus fuerzas armadas q es su unico soporte!!!!!

Eduardo
Eduardo
26 de abril, 2019 4:38 pm

Simplemente es un dictador, ellos se creen dueños de su país, lo ven como su finca, y por lo tanto no creo que ceda a ninguna presión, ya sea interna o externa. Con tristeza la historia nos a mostrado que la única forma de derrotarlos es a la fuerza. Dios no quiera que lleguemos a esos extremos, y tengamos una solución pacífica.


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