Monólogo

Tenemos que apelmazar la curva»

Tenemos que apelmazar la curva

Foto tomada de Freepik

Juan Sebastián Chamorro

@Jschamorrog

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Si queremos evitar que en los hospitales de Nicaragua se tenga que llegar al extremo elegir a qué paciente conectar a un ventilador, la consigna en esta guerra contra el coronavirus debe ser, bajarle ese pico a la curva, o apelmazarla, como decimos en buen nica

Con esto de las medidas que tenemos que tomar para reducir la velocidad del contagio de la enfermedad, he consultado con especialistas médicos y leído bastante material sobre el tema. Lo que escribo a continuación es mi interpretación de las recomendaciones que he escuchado y que tienen más sentido. Es una explicación de un no especialista sobre lo que debemos hacer para reducir la curva de contagios.

Según los especialistas, el problema del coronavirus no es que, quien se contagia se muere. Tampoco es cierto, como dijo desfachatadamente un rector universitario local, que no afecta a los jóvenes. Efectivamente, la gente joven es menos propensa a mostrar complicaciones, pero no se salva del contagio. De hecho, en Corea del Sur, la mayor incidencia de casos se registró en personas de entre 20 y 29 años. Lo que el irresponsable rector no preguntó a los estudiantes que escuchaban su ponencia magistral fue, si tenían abuelitos o abuelitas.

Una de las cosas buenas que tenemos los nicas es que somos familiudos. Vivimos todos juntos, bajo el mismo techo, desde los abuelos hasta los nietos. Pero este elemento positivo de solidaridad o de necesidad con nuestros viejitos, nos convierte en un país vulnerable ante la enfermedad que en este momento nos acecha.

Porque el joven, al no mostrar síntomas, se acerca al anciano y es ahí donde se da el contagio. Por eso es que la pandemia ha golpeado tan fuerte a Italia. Los italianos son familiudos como nosotros. Antes de la crisis, según estudios especializados, un niño italiano de entre 10 y 14 años, tenía en promedio, tres contactos cada dos días, con personas mayores de 70 años. Un niño alemán, con una cultura de familia nuclear, en promedio, solo tenía un encuentro similar cada dos días. En parte, por esta diferencia cultural, la mortalidad en Italia es 14 veces mayor que en Alemania.

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El consenso de los expertos es que lo más mortal del coronavirus es su rápida capacidad de contagio y en eso quiero centrarme. La llamada curva de contagio, que es la cantidad de gente infectada cada día después del primer caso, muestra una forma similar a la expuesta en la gráfica de abajo.

Después de los primeros casos detectados, empiezan a aparecer más de manera acelerada, creciendo exponencialmente hasta llegar a un pico, para después bajar.  Todas las epidemias se comportan de la misma manera.  Entre más picuda es la curva, más gente se enferma en menos días. 

Y es esa enorme cantidad de gente que está llegando a los hospitales al mismo tiempo, lo que está causando la mortandad. Porque hacen colapsar los sistemas de salud públicos y privados. En particular, han colapsado las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y dentro de ellas, por la escasez de ventiladores, su capacidad de garantizar la ventilación pulmonar a los pacientes con problemas respiratorios. 

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Entonces, la variable clave no es cuántas visitas casa por casa realizan los enviados del Gobierno. Ni cuántos hospitales, camas y UCI están preparados para recibir a los contagiados.  Si de salvar vidas se trata, la variable clave es: ¿cuántos ventiladores existen en el país? Según estimaciones de especialistas que integran la Unidad Médica Nicaragüense, no hay más de 120. 

Por la cantidad de UCI y ventiladores que poseen, los hospitales nicaragüenses tienen una capacidad limitada para atender casos graves de COVID-19, cuyo principal síntoma es la dificultad para respirar. Esperemos que no sea necesario, pero las instalaciones sanitarias tienen capacidad de atender a centenares o miles de pacientes. Pero solo podrán garantizar ventilación pulmonar, como máximo a unos 120 pacientes.

Esa capacidad de atender los casos graves, se representa en el gráfico con una línea verde.  Arriba de esa línea habrá enfermos que no serán atendidos; o que tendrán que esperar su turno en los pasillos de los hospitales, tal como ha ocurrido en los hospitales de Italia.  En algunos países, la escasa disponibilidad de ventiladores, ha obligado a los médicos a tomar la dolorosa decisión de desconectar y dejar morir a algunos pacientes, para conectar a otros con mejores pronósticos de sobrevivencia.

Si queremos evitar que en los hospitales locales se llegue a esos extremos, la consigna en esta guerra contra el coronavirus debe ser, bajarle ese pico a la curva, o apelmazarla, como decimos en buen nica.  

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Eso implica que debemos evitar que el contagio, que sabemos que se va a dar, ocurra en unos pocos días, sino que los casos aparezcan lentamente.  Que en vez de 100 casos al día, tratemos de bajar esa cantidad a lo mínimo, para que los hospitales puedan atender a la gente. Que los pacientes conectados tengan tiempo para curarse y liberar el ventilador para que sea usado con otro.  El efecto de apelmazar la curva se aprecia en la gráfica de abajo.

Entonces queda claro hacia dónde debemos movernos y que es en dos líneas que se debe trabajar. 

La primera, es tratar de elevar al máximo la capacidad de atención del sistema hospitalario. Particularmente, convertir más salas en UCI y dotarlas de la mayor cantidad posible de ventiladores. Cada uno puede costar unos diez mil dólares. Aunque en las actuales circunstancias, en las que todos los países quieren elevar sus inventarios es difícil conseguirlos. En esta tarea el rol del sector privado y de personas con elevados recursos económicos, será fundamental para activar una cadena de solidaridad que garantice la compra de la mayor cantidad posible de estos aparatos.

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El Ministerio de Salud (Minsa), está cometiendo un error al no trabajar junto a los hospitales privados en la detección de la enfermedad.  Un funcionario de esa institución dijo que no permiten que los privados hagan la prueba de la COVID-19, porque “cobran”.  Lo lógico es, que si alguien quiere y puede pagar para hacerse el examen, que lo haga. Así libera el sistema público de su obligación de atenderlo y le deja el espacio a alguien que no puede pagar por ese servicio.

La segunda línea de trabajo es, apelmazar la curva reduciendo la velocidad de contagios.  Esto se logra con el distanciamiento social, es decir acatando el “Quedate en Casa”. 

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Obviamente, no todos podemos quedarnos en casa. Especialmente aquellos que para sobrevivir, dependen del trabajo del día a día. Pero si salen porque no tienen otra opción, que tomen las precauciones del caso. Que eviten el contacto cercano con las personas y superficies, y se laven las manos constantemente. Pero quienes podamos quedarnos un día, dos, o más, al hacerlo contribuiremos a que la enfermedad se propague más lentamente.

Sobre las medidas que pueden y deben tomar los gobiernos para mantener a la gente en casa, lo abordaremos en la siguiente entrega.

Lo que viene es grave, no se debe tomar a la ligera. Es por ello que debemos enfrentarlo juntos para que podamos vencerlo.  Al virus se le derrota con la solidaridad y con acciones específicas, como las impulsadas en otros países, para frenar su propagación. Hasta ahora la lección que nos deja esta pandemia es que al reducir la velocidad de contagios, se pueden salvar muchas vidas.

Texto original en el blog: https://juansebastian.ch/

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