Distopía

¿Por qué Ricardo Rosselló renunció y Daniel Ortega no?»

¿Por qué Ricardo Rosselló renunció y Daniel Ortega no?

Eduardo Enríquez

@GuayoPeriodista

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El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló anunció su renuncia tras pocas semanas de protestas pacíficas en San Juan. Muchos en Nicaragua se preguntan por qué Daniel Ortega aquí no renuncia. Porque no es lo mismo ni es igual. Aquí explicamos.

El viernes 2 de agosto será el último día de Ricardo Rosselló como gobernador de Puerto Rico. Tras once días de protestas que se originaron cuando se hizo público una conversación que el político y sus colaboradores sostuvieron en un grupo de Telegram con expresiones misóginas, homofóbicas y burlescas.

Al conocerse la noticia en Nicaragua, muchos en redes sociales expresaron su alegría por Puerto Rico y su frustración con la crisis política aquí. ¿Por qué Daniel Ortega no renunció tras semanas de fuertes protestas en todo el país? Porque hay diferencias de fondo entre una y otra crisis. La primera y más evidente es que aquella es ─con todos sus defectos─ una democracia; y aquí hay una dictadura.

Pero vale la pena desmenuzar la situación política en Puerto Rico porque nos ayudará a entender por qué terminamos en una dictadura sangrienta acá.

Primero, las protestas, que no dejaron presos políticos ni muertos, fueron importantes en la caída del joven político de Puerto Rico, pero hubo otras circunstancias que se basan en algo que aquí hemos visto con desprecio: la institucionalidad democrática.

Antes un par de datos generales

Rosselló ganó la gobernatura en 2016 con el 41 por ciento de los votos, cinco puntos porcentuales más que los que había obtenido Daniel Ortega 10 años antes, en la última elección relativamente creíble que tuvimos en Nicaragua.

El gobernador llegó de la mano del Partido Nuevo Progresista, un partido de derecha que aboga porque la isla se convierta en el estado número de 51 de Estados Unidos.

Las protestas y más

Las protestas y la participación en ellas de artistas boricuas famosos como Ricky Martin o Residente, fue lo que más atrajo la cobertura; pero las protestas pusieron en movimiento al sistema político de la isla de una manera que en Nicaragua es impensable.

Al conocerse el contenido del “chat”el partido de Rosselló le dio la espalda al punto que, tratando de calmar las aguas, el político primero anunció que renunciaba a la presidencia del partido. ¿Se imaginan a Daniel Ortega renunciando a la secretaría general del Frente Sandinista que ha ostentado desde hace 40 años? Entonces: el partido allá es una institución, aquí es ya propiedad de una familia.

Otro punto que llamó poco la atención fue que mientras Rosselló se aferraba a la gobernatura, la Asamblea Legislativa ya había iniciado un proceso de destitución del gobernador. Y no es que la rama legislativa esté en manos de la oposición. De los 30 senadores, 21 son del partido de Rosselló; y de los 51 representantes, 34 son del Nuevo Progresista.

¿Su propio partido iba a destituirlo?

Ese fue de hecho lo que aceleró la renuncia de Rosselló pues sabía es sería destituido. Y ese es otro punto que es inverosímil en la política nicaragüense, que el propio partido del gobernador (o presidente en nuestro caso) lo destituya. ¿Cómo se da esto?

Por la manera en que se eligen los senadores y representantes allá: La mayoría se eligen por distrito. O sea que deben dar la cara a los votantes y estos saben bien a quien están eligiendo. Diferente al sistema usado en Nicaragua, que ─cuando había elecciones libres─ se elegía por listas. El votante nicaragüense en muchos casos ni sabía por quien votaba. Y el legislador nicaragüense no debía su elección al votante, sino al jefe del partido que lo pone en una posición ganadora en la lista.

Con un sistema así la obediencia y docilidad de los legisladores hacia el ejecutivo, o en el caso de estar en la oposición, hacia el jefe del partido, está garantizada. Es un sistema que no garantiza la independencia de poderes que es la base de la democracia republicana.

Y si la Asamblea Nacional o el poder legislativo está sometido al Ejecutivo, por ende lo estará el poder judicial pues los magistrados son electos por la Asamblea y esta nombrará al que el presidente quiera. Así, en lugar de ser un poder fiscalizador es un poder que consolida el control del dictador.

El dictador pudo ser controlado

Tal vez esto suene a llorar por la leche derramada pero hay que entenderlo para evitar que se repita y para que sea de las primeras cosas que se cambien cuando salgamos de la dictadura. En el primer período de Ortega, 2007 – 2012, el orteguimo era minoría en la Asamblea Nacional. Perfectamente se le pudo poner freno porque solo tenía 36 diputados. El resto, 54, se los dividían el PLC y la Alianza Liberal.

Pero de nuevo, porque los legisladores obedecían a sus jefes y no a sus votantes, fueron incapaces de evitar la reelección o que, cuando se le venció el período a varios magistrados de la Corte Suprema en 2010, no pudieron cumplir con su deber y elegir magistrados honestos, valientes y conocedores de su oficio. Ortega, a través de una flagrante violación a la Constitución, mantuvo en su puesto a los magistrados con períodos vencidos hasta que pudo nombrar a los que quiso después de las elecciones de 2011, a la que se postuló y ganó inconstitucionalmente.

¿Por qué Ricardo Rosselló renuncia y Ortega no lo hizo ni lo hará?

Porque aunque siempre habrá malos políticos y corrupción, el sistema republicano, el famosos sistema de pesos y contrapesos, garantiza el equilibrio de los poderes, pero para eso el sistema debe funcionar bien y mantener el poder en las manos del votante, del ciudadano.

Tal como lo escribí en Muerte de una República, primer régimen orteguista 2006 – 2012: cuando revisaba por qué estalló la violencia en 1979: “¿Por qué llegamos a ese punto? Es triste que John Locke ya lo había descifrado hace más de 300 años y nosotros estamos todavía tropezando con la misma piedra.

“Locke mantiene que en una república los ciudadanos eligen a un grupo que actuará como su representante en el poder supremo, el legislativo, pero esos representantes deben regresar el poder a los ciudadanos en el momento en que se venza el período… en otras palabras, el legislador depende de la voluntad del ciudadano para mantener su rango y cargo”.

Porque en Puerto Rico el sistema le impide a Rosselló acaparar todo el poder, y aquí el sistema sí se lo permitió a Ortega, es que allá el puertorriqueño tuvo que renunciar y aquí el dictador puede cometer cualquier abuso que se le ocurra.


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