Monólogo

Joan Margarit y Francisco Luzón, lecciones de vida y muerte»

Joan Margarit y Francisco Luzón, lecciones de vida y muerte

Poeta Joan Margarit. Imagen tomada de Wunderstock

Génesis Hernández Núñez

@gemihenu

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Gracias al periodismo se visitan lugares, conocen personas, se obtiene información y se presencian eventos que de otra manera, quizás estarían fuera de nuestro alcance. Quienes hemos ejercido el periodismo lo sabemos. También desde fuera este oficio nos acerca a personajes, acontecimientos y datos que nos dan nuevas perspectivas y enriquecen nuestra existencia.

Leyendo en línea el diario El País de España encontré las historias de dos ancianos españoles que fallecieron esta semana con solo un día de diferencia. Uno murió el martes 16 y otro el miércoles 17 de febrero. Uno era el poeta Joan Margarit y otro el exbanquero Francisco Luzón.

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Mi primer acercamiento a ambos fue a través de entrevistas que les hizo El País en el ocaso de sus vidas. A Luzón en junio de 2019 y a Margarit en diciembre de 2020. Luzón enfrentaba la última fase de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y Margarit recibía tratamiento contra el cáncer. Ambos murieron por causa de esas enfermedades.

Luzón: La esperanza de un hombre preso en su propio cuerpo

La conversación con “Paco” Luzón me impactó desde el título que es una frase suya: “No hablo, no puedo oler, no me muevo, pero sueño y quiero despertar mañana”. Después de cuarenta años ostentando los puestos más altos de grandes bancos españoles, en 2012, el también economista se retiró con una pensión acumulada de 63 millones de euros.

Un año después notó los síntomas de la ELA. Al momento de responder las preguntas de Luz Sánchez-Mellado, solo podía mover los ojos; y mirando las letras del teclado de una tableta respondía palabra por palabra. Una voz metálica proveniente de un sintetizador convertía lo textual en oral.

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Los cuestionamientos de la periodista ─a quien admiro mucho─ también me sacudieron, porque eran directos y de puro sentido común. “¿A qué credo o clavo se agarra para abrir los ojos cada día?”. “¿Hay placeres en su vida?”. “¿Para qué sirve el dinero cuando no sirve de nada?” y, mi favorita: “¿Qué es la esperanza para un hombre desesperado?”.

Las respuestas de Luzón, quien creó una fundación, invirtió en ella y dedicó sus últimos años para luchar contra la ELA, no tienen desperdicio. Son un canto de amor a la vida, una clase maestra de serenidad, un soplo de buen humor. “La esperanza es el sueño del hombre despierto. Sueño con que la ELA sea curable. No soy un hombre desesperado”, contestó.

Margarit y el cáncer: “Tengo 82 años y estafado no me puedo sentir”

Jesús Ruiz Mantilla charló con Joan Margarit hace menos de dos meses. El poeta recién había recibido de manos de los Reyes de España el prestigioso premio Cervantes, que ganó en 2019. La pandemia convirtió en una ceremonia íntima un acto solemne que tiene su punto culmen en el discurso del homenajeado.

No obstante, en esa entrevista Margarit hace su recorrido vital e intelectual. Es un discurso sin traje de gala. El testimonio de entereza de un arquitecto noble y tranquilo que sabe que muy pronto puede morir. Su mirada en las fotos que acompañan la entrevista me transmiten mucha paz.

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De Margarit nunca he leído nada, pero gracias al texto sentí que lo conocía y comprendí que su tema central es la pérdida. A los cuatro años vio morir a su hermana menor de meningitis y hace veinte enterró a su hija Joana que era discapacitada intelectual y falleció por un cáncer de páncreas. Ella fue su musa, lo más importante de su vida, “el bien en esencia”, “la bondad total” y la amplia respuesta que da al ser preguntado de cómo era su relación provoca la mejor interacción entre él y Ruiz Mantilla. El periodista le dice que sus palabras “resultan dignas de un sabio” a lo que Margarit contesta “Sabio no. Yo soy un poeta que hace casas. Nada más”.

Joan, que además era catedrático de cálculo de estructuras, en la plática dice otra frase en la que pienso a veces: “Si vas por el mundo sabiendo matemáticas, has dado un paso de gigante para hacer amigos y para entender a tu mujer”.

Quizás las letras y los números no son en realidad dos mundos diferentes y Margarit lo sabía. Pero ahora eso no es relevante. Lo que de verdad me alegra es que en alguna parte del cosmos Joan ya está reunido con Joana y Francisco Luzón es libre de su cárcel corporal.

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