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El régimen orteguista terminó con el diálogo porque solo la crisis le garantiza el poder»

El régimen orteguista terminó el diálogo porque solo la crisis le garantiza el poder

Cinco meses después de iniciada la segunda etapa del diálogo, la dictadura de Daniel Ortega de nuevo lo sepulta y con ello acaba con cualquier posibilidad de que la crisis sea superada pronto. Foto Oswaldo Rivas

Eduardo Enríquez

@GuayoPeriodista

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El régimen de Daniel Ortega sabe que un diálogo solo lo llevará a ceder, y por poco que ceda, va a terminar perdiendo el poder. El ejemplo de sus amigos le deja claro el camino a seguir.

El diálogo con la Alianza Cívica estaba sepultado desde el pasado 19 de julio cuando en su diatriba de cada año en la plaza Ortega dijo ─en otras palabras─ que "no tenía sentido" seguir el diálogo con la oposición; pero fue hasta ayer que quedó oficializado por el nuncio, monseñor Waldemar Sommertag, al hacer público que había recibido una carta del régimen orteguista dando por terminadas las negociaciones.

Quienes tienen visión democrática abrigaban esperanzas de que el discurso de Ortega fuese "para sus bases"; y que "por estar débil" tendría forzosamente que dialogar y negociar. Pues resulta que es precisamente porque está débil que ha decidido atrinchararse y no ceder.

Siempre dijimos que había una alta posibilidad que el régimen de ortega decidiera tomar el camino de sus aliados, los dictadores de Venezuela y Cuba, quienes se mantienen desde hace décadas en el poder sin ceder un milímetro. Y eso es porque el fin único del régimen orteguista –al igual que los de Cuba y en Venezuela– es mantenerse en el poder. A toda costa.

Cuba y Venezuela están destruidos económicamente, expulsan diariamente a sus ciudadanos, pero eso es de segunda importancia para los dictadores.

De eso te hablamos aquí: ¿Por qué no ha caído Nicolás Maduro?

Lo que queda del régimen en Nicaragua es el equivalente a una banda que ha secuestrado al Estado y no está dispuesta a liberarlo. ¿Es posible mantenerse así? Pues ahí están Venezuela y Cuba en nuestro hemisferio para demostrarlo.

Régimen orteguista no tiene nada que ofrecer electoralmente

El régimen orteguista está claro de que electoralmente no tiene nada que ofrecer a los nicaragüenses: El crecimiento económico se ha esfumado, pues no hay ni habrá inversión extranjera o local de calidad; las posibilidades de mejorar la salud y la educación serán simples espejismos que existirán solo en los discursos de él y de ella.

Desde antes que la dictadura decidiera cerrar las puertas al diálogo, tanto la Cepal como el Fondo Monetario Internacional y Funides habían advertido que la economía se contraería cinco por ciento, pero eso era antes. Ahora que el régimen orteguista decide que no hay nada que discutir, las revisiones seguro irán más a la baja.

Para colmo, el régimen sigue encareciendo las cosas con reformas que según ellos les permitirán cerrar la brecha entre gastos e ingresos del Presupuesto de la República, pero esto solo empeora la situación económica.

Todo eso preocuparía a un gobierno que debe someterse a la aprobación ciudadana periódicamente mediante elecciones limpias, justas y transparentes, no a una dictadura decidida a mantenerse en el poder a toda costa.

Ese sistema solo se mantiene con represión

Para que su plan tenga éxito, es fundamental para la dictadura mantener atadas las libertades individuales y la justicia por el simple hecho de que si el régimen las desata ya no podrá mantener secuestrado el Estado.

El régimen ha hecho sus sumas y restas, y resulta que decidió que le sale menos costoso mantenerse en el poder a base de represión que negociar unas elecciones que perderá.

Ya en 4to Mono habíamos dicho a inicios de abril que "ni la Alianza Cívica ni sus aliados internacionales han encontrado la combinación de factores que permitan crear las condiciones para que al régimen le sea más atractivo ceder el poder que mantenerlo a sangre y fuego."

¿Tiene lógica atrincherarse?

Dado el éxito de este tipo de dictaduras en sobrevivir pese a muchas presiones, uno puede concluir que la comunidad internacional en realidad no sabe cómo lidiar con ellas.

Las sanciones, aunque representan un duro golpe, evidentemente no son suficiente. El régimen ve que igual han sancionado a sus aliados en Cuba, Venezuela e Irán y allí siguen esas dictaduras en el poder.

Para ampliar sobre este tema te puede interesar: Por qué Daniel Ortega no cede ni piensa ceder en el diálogo

Entonces, desde la perspectiva del régimen orteguista, sí tiene lógica atrincherarse pues aunque ya la OEA, Estados Unidos y la Unión Europea han dejado claro que el cierre del diálogo con la Alianza Cívica no es aceptable, Ortega sabe que en la concreta no hay mucho más que la presión internacional pueda lograr.

Para confirmar lo ineficiente que es la diplomacia internacional basta constatar que la "comisión de alto nivel" que los cancilleres en la OEA ordenaron conformar hace 30 días no se ha conformado; y eso que era "tan urgente" que el plazo para rendir informe se redujo de 90 a 75 días, plazo que aún no empieza a correr.

Más sanciones al régimen orteguista, ¿lo mejor?

Es más, ahora que la familia y los más cercanos al régimen ya están sancionados, es muy poco lo que pueda pasarles que sea peor; en los cálculos de la dictadura las sanciones económicas ahora solo empujarán más rápido a la economía hacia el precipicio y eso, irónicamente, el dictador lo ve como una ventaja.

Si la recesión económica empeora habrá más migración y habrá más remesas que es el único ingreso que ha venido creciendo desde abril de 2018.

El otro factor es que los primeros en irse son los que están más descontentos, eso baja la presión de las protestas y debilita a la oposición. Solo ventajas.

Mientras tanto, el espectáculo debe continuar

Ortega y Murillo continuarán con lo que les ha funcionado hasta ahora y con la esperanza ─o mejor dicho la certeza─ de que más temprano que tarde la tormenta sobre su cabeza amainará y ellos habrán logrado capear el temporal: No está tan lejos de la verdad el análisis, en seis meses ya los Estados Unidos está metido de lleno en su campaña presidencial, por otro lado Irán se está convirtiendo en una preocupación mucho mayor.

Eso, sumado a que con los partidos colaboracionistas iniciará un proceso de "reformas electorales", entonces se garantiza que la diplomacia internacional le dé más tiempo.

Es cierto que hay países que están claros para dónde va Ortega, pero también hay otros, que prefieren dejar el tema de lado mientras ven "en qué resulta este nuevo esfuerzo de negociación".

Al fin y al cabo, en los países normales, son los partidos en el parlamento los que negocian estas cosas. Claro, aquí adentro sabemos que este no es un sistema normal y la oposición en el parlamento es un chiste.

Al final las democracias no le creerán, pero no importa

Tal vez para cuando las "reformas" sean aprobadas y se dé la elección, el régimen orteguista no sea reconocido, como no lo es ahora Nicolás Maduro. Pero aún con todo, Maduro sigue en Miraflores y Ortega con la misma estrategia espera seguir en El Carmen.

No tendrá muchos amigos en el vecindario, pero con pocos le basta: Venezuela, Cuba... y además, allá están Irán, Turquía, Rusia, algunos países árabes y siempre se puede confiar en Taiwán o la pragmática indiferencia de China y con algo de suerte hasta podrán contar con Japón y Corea del Sur.

Si estuviera jugando a la democracia la historia sería distinta, pero, desgraciadamente para los nicaragüenses, no es democracia el juego del régimen de Daniel Ortega.

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