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Beethoven: El músico sordo que nos dejó mucho para oír»

Beethoven: El músico sordo que nos dejó mucho para oír

Orlando Barrera R.

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Hace pocos días se conmemoró una aniversario más del fallecimiento de Ludwig Van Beethoven, uno de los gigantes de la música de todos los tiempos, quien produjo su obra magna en medio de un sordera total

Beethoven es uno de los compositores más prolíficos y un referente obligado de la música culta. Su obra se inscribe entre dos de las períodos más vibrantes de este bello arte, pues abarca desde el Clasicismo hasta el Romanticismo.

Quizá nadie como Beethoven encarne en la música el concepto de “artista” como alguien que en solitario crea sus obras, las cuales repercuten y modelan la estética de toda una sociedad en una época dada.

Fue un ferviente apasionado de la creación individual, donde se refleja la personalidad del autor, sobre cualquier otro motivo, lo que precisamente constituiría el prolegómeno al período romántico.

Este genial artista prefería autodenominarse como el poeta del sonido, en lugar de maestro o músico. Paradojalmente, poco a poco en su vida el sonido lo abandonaría y solo podría “oír” sus bellas composiciones en su prodigiosa mente de músico.

Muy joven fue invitado por uno de los más prestigiosos artistas de la época, Joseph Haydn, a estudiar en Viena, donde descolló por su belleza compositiva y el virtuosismo en la interpretación, sobre todo del piano, donde algunos opinan superaba al propio Mozart.

Sus abundantes composiciones cubren el género pianístico con treinta y dos sonatas; la música de cámara;  múltiples conciertos para piano, violín y triple; música sacra con dos misas y un oratorio;  canciones (lieds); la ópera Fidelio, un ballet, música para obras teatrales, pero lo más celebrado son sus nueve majestuosas sinfonías.

El sordo que se sigue haciendo escuchar

Impresiona saber que una buena parte de esta monumental obra la compuso ya estando totalmente sordo, por lo que su genialidad es doble, ya que las notas musicales se concatenaban y la obra en sí adquiría forma en su prodigioso cerebro.    

Se podría decir que el esfuerzo para oír que hacía el compositor fue mayor que el que hiciese para que lo oyeran hasta la inmortalidad. ¡Y a fe que lo logró! Las obras de Beethoven se ejecutan en festivales por las más afamadas orquestas y sus sinfonías han sido piezas obligadas de los grandes directores y músicos.

Sin duda, Beethoven, Mozart y Haydn son los artistas más influyentes de todos los tiempos en la música clásica. Sus obras han marcado el rumbo en muy diversos géneros, bastante alejados de los terrenos de la música orquestal.  

La difícil vida de Beethoven

Su vida, al igual que la de Mozart y muchos artistas de esa época fue azarosa y muy difícil de sobrellevar. Beethoven nació en una familia de músicos. Su abuelo y su padre fueron directores de la Sinfónica de Bonn, pero este último perdería el cargo por su adicción al alcohol, en tanto que su madre fue una mujer enfermiza y débil con quien apenas logró edificar una cálida relación.  

A pesar de que desde su adolescencia frecuentó los salones señoriales como compositor y ejecutante, Beethoven tuvo un fuerte compromiso con las causas de redención social. Dedicó su Sinfonía Heroica a Napoleón por defender la democracia, pero cuando el corso, traicionando su propio discurso, se coronó emperador, Beethoven tachó con furia la obra.

A inicios de la segunda década de 1800 la sordera era apabullante y el músico cayó en un interregno depresivo que lo alejó de la composición, pero una vez superado este período, produjo las más excelsas melodías, plenas de exaltación, energía y espiritualidad.

"La música que llevaba dentro"

Fue un autor que asumió riesgos compositivos, abriendo nuevos caminos, sobre todo en sus obras para piano. Beethoven sabía que creaba para la posteridad, por ello, no son de extrañar sus esfuerzos por consolidar su obra, que como el mismo dijo, le serviría para "sacar toda la música que me queda dentro”.

Beethoven murió en 1770, incomprendido en parte por lo avanzado de su propuesta musical. Algunos aseveran que murió con su mano en alto, como pidiendo silencio, algo que a él le sobraba.

Lo cierto es que se espera que al cumplirse en el 2020 los 250 años de su natalicio, haya una más profunda valoración de su obra, si es que aún es posible estimarla más. 


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