Monólogo

La piromanía de Donald Trump»

La piromanía de Donald Trump

Génesis Hernández Núñez

@gemihenu

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Faltan dos semanas para que Trump salga de la Casa Blanca, pero en estos tiempos ya ni siquiera eso puede darse por hecho

Los estadounidenses han creado tantas ficciones acerca de enemigos externos que solo la realidad pudo mostrar que el enemigo estaba en casa. Y no en cualquier casa, sino en la Casa Blanca.

Mientras escribo estas líneas es martes por la noche. El Congreso de Estados Unidos sesiona bajo extremas medidas de seguridad; tratando de completar un proceso de certificación de los votos del Colegio Electoral que debería ser un mero trámite; y no dejo de imaginarme a Trump viendo todo por la tele. Con una Coca Cola en la mano y un bidón de gasolina cerca de él, justo a la par del famoso maletín nuclear. 

Durante este día el mundo entero ha observado en vivo y directo cómo el conato finalmente se convirtió en incendio. El todavía presidente de los Estados Unidos fue regando combustible por aquí y jugando con fósforos por allá hasta que logró que las llamas se encendieran dentro del Capitolio. Como resultado, el humo ya debió haber llegado hasta la Oficina Oval. 

El poder de los tuits de Trump

Es irónico que quien decía que haría a su país grande otra vez no haya descansado hasta hacer arder las instituciones, las leyes e incluso la reputación de su nación. Durante cuatro años, funcionarios mediáticos y colaboradores anónimos han tratado de esconder el material inflamable para que no lo encuentre, pero Donald J. Trump no se ha dado por vencido; y sabiendo que la unión hace la fuerza y que un tuit tiene el mismo poder que un encendedor; fue convocando y dando vía libre a pirómanos de los más diversos rincones de la geografía estadounidense.

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El resultado de eso ya es historia. No debe haber nada peor que ser incendiario y verse rodeado de bomberos. En la Avenida Pensilvania de Washington hay un hombre aislado y repudiado que recorre desesperado las habitaciones de una lujosa mansión en busca de cerillas; mientras a pocas cuadras hasta su propio vicepresidente se arma con un extintor.

Faltan dos semanas para que, en teoría, Trump salga por voluntad propia y con la cabeza erguida de la Casa Blanca; pero en estos tiempos ya ni siquiera eso puede darse por hecho. Sin embargo, hay una cosa de la que no tengo duda: Quien juega con fuego, tarde o temprano, se quema.

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